Cuando piensas en una escapada a Extremadura, probablemente te vengan a la cabeza lugares como Trujillo, Plasencia o el Valle del Jerte.
Pero si lo que buscas es una ruta con historia, encanto, tejados de pizarra, calles empedradas, puestas de sol que quitan el hipo y, sobre todo, cero agobios… apunta bien estos dos nombres: Garganta la Olla y Galisteo.
Porque sí, Extremadura tiene mucho más que ofrecer que lo que ves en las redes sociales. Y estos dos pueblos lo demuestran con creces.

Garganta la Olla: tejados, balcones y secretos del pasado.
Empezamos por Garganta la Olla, un pueblo que parece sacado de una novela medieval. Situado a los pies de la Sierra de Tormantos, sus casas con entramado de madera, los tejados de pizarra y los balcones floridos no son un decorado: son su esencia.




Aquí no hay filtros ni atrezzo. Lo que ves es real, con siglos de historia.
Pasear por sus calles es como viajar en el tiempo.
Y si prestas atención, descubrirás leyendas como la de la Casa de Postas, donde cuentan que se alojaban viajeros y arrieros siglos atrás, o la Casa de las Muñecas, con una fachada que no pasa desapercibida por una razón: se dice que fue un antiguo prostíbulo durante los siglos XVI y XVII, frecuentado por soldados y caminantes.
Su nombre se debe a las pequeñas muñecas pintadas de colores en la fachada, que servían como reclamo. Hoy en día es una de las casas más fotografiadas del pueblo, y aunque ya no ejerce esa función, sigue despertando la curiosidad de todo el que pasa frente a ella.
Un pedacito del pasado con su toque travieso incluido.






Uno de los mayores encantos del pueblo es precisamente que no tiene prisa.
Puedes dedicarle horas sin necesidad de seguir un itinerario.
Dejarte llevar por la intuición y girar por la calle que más te llame.
Quizá acabes frente a una fuente con historia, o frente a un mirador que no aparece en los mapas pero te regala una panorámica inolvidable.




El entorno natural acompaña: gargantas de agua cristalina, senderos entre robles y castaños, y vistas alucinantes en cada curva del camino.
Y ojo, que esto no es ninguna exageración.
Garganta la Olla toma su nombre precisamente por estar rodeada de varias gargantas y arroyos, entre ellos la famosa Garganta Mayor, que atraviesa todo el valle dejando a su paso pozas, saltos de agua y rincones de esos que parecen sacados de un cuento.
En los meses más calurosos es habitual ver a la gente refrescándose en sus aguas, y en primavera el caudal se desborda en una sinfonía de cascadas que parecen imposibles en una región que, injustamente, muchos asocian solo con un secarral.




De hecho, Extremadura es una de las comunidades con mayor red fluvial de la península, y esta zona en concreto es el ejemplo perfecto de que aquí el agua no solo fluye, sino que es protagonista del paisaje.
Un espectáculo natural que sorprende a quien llega sin expectativas y se va con la sensación de haber descubierto un secreto bien guardado.
Además, si visitas esta zona en primavera, te toparás con cerezos en flor que salpican el paisaje de blanco y rosa. Una auténtica postal.



Gastronomía local: No puedes irte de Garganta la Olla sin probar algunos de sus productos locales. La tienda «El Garganteño», ubicada en la calle Chorrillo 8, ofrece una selección de productos regionales que te encantará. El queso de cabra y el licor de cerezas son súper recomendables.
Galisteo: Murallas que no se olvidan.
A unos 60 kilómetros de distancia, Galisteo ofrece una experiencia completamente distinta, pero igual de especial. Este pequeño municipio cacereño sorprende por su impresionante muralla almohade, una de las mejores conservadas de España.




Caminar sobre ella es literalmente andar sobre siglos de historia.
La muralla está construida con cantos rodados del río, lo que le da ese aspecto tan particular. Y lo mejor es que no suele estar masificado, así que puedes disfrutar de la experiencia con calma, sin empujones ni tortazos por sacar la mejor foto.





El trazado del pueblo, con su mezcla de influencias árabes, judías y cristianas, es un regalo para quienes disfrutan perdiéndose por calles estrechas y descubriendo rincones con alma.
No hay tiendas de souvenirs por todas partes ni menús turísticos. Hay bares con tapas auténticas y vecinos que te saludan al pasar.
Además, si te va el turismo cultural, puedes visitar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, una joya de origen románico que guarda muchos secretos.
Y si eres de los que disfrutan con la fotografía, no olvides tu cámara: las vistas desde lo alto de la muralla al atardecer son pura magia.





Una combinación perfecta para un finde largo:
La ruta entre Garganta la Olla y Galisteo es ideal para una escapada de dos o tres días. Puedes combinar historia, naturaleza, gastronomía (ojo con los embutidos, los quesos y los platos de cuchara) y esa sensación de haber descubierto algo que aún no ha invadido Instagram.
Una buena forma de organizar el viaje es empezar por Garganta la Olla, dedicarle un día completo, dormir por la zona, y al día siguiente poner rumbo a Galisteo, donde puedes pasar el resto del finde. La carretera entre ambos tiene algunos tramos espectaculares, así que el trayecto también forma parte del plan.
Y si además te apetece alargar un poco el viaje, tienes muy cerca lugares como Plasencia, el Monasterio de Yuste o incluso el Parque Nacional de Monfragüe, perfecto para los amantes de la ornitología y los paisajes infinitos.
Y si vas en pareja, el romanticismo se respira en cada rincón.
Si eres de los que prefieren los destinos con historia, autenticidad y cero masificación, estás en el lugar correcto. En Vive La Vida Roca nos pasamos el año buscando lugares así, fuera del radar, y contándotelo como te lo contaría un amigo, amiga o amigue.
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Datos Básicos:
- ¿Dónde está Garganta la Olla? Pertenece a la Comarca de la Vera y está a muy pocos kilómetros del Monasterio de Yuste.
- Mapa de los lugares que no te puedes perder en Garganta la Olla:
- ¿Cómo llegar de Garganta la Olla a Galisteo?